lunes, 1 de junio de 2009

El poder de las imagenes

Introducción:

Este libro no trata de la historia del arte trata de las relaciones entre las imágenes y las personas a lo largo de la historia (no solo las consideradas artísticas). Es el resultado de un largo compromiso con ideas que la historia del arte en su forma tradicional –y también en sus formas actuales- parece haber descuidado o expresado de manera inadecuada.Lo que yo deseaba era entender las respuestas que me parecían recurrentes –o, al menos, explorar las posibilidades de analizarlas. Me llamaban poderosamente la atención respuestas que se habían observado manifiestamente a lo largo de la historia y a traves de las culturas, ya fueran “civilizadas” o “primitivas”En la esfera del historiador debe incluirse la posibilidad de reclamar precisamente las respuestas de las que generalmente no se escribe nada, y que era posible hacer algo mas que dejar a un lado la fortuita aparición de la existencia repetida de esas respuestas como si se tratara del detritus casual de la historia.Para ocuparme correctamente del material habría de adentrarme en los campos de la antropología y la filosofía, y que la investigación sociológica se uniría en determinado momento al método histórico.Al final decidí que el mejor modo de proceder seria presentar algunas de las respuestas recurrentes que para mi eran las mas emotivas, y considerarlas según la a menudo raquítica y a veces engañosa teoría que ya se había ocupado de ellas. Resulto que las evidencias mas relevantes fueron exactamente las que los historiadores del arte casi siempre rehúyen debido a su interés por las formas mas intelectualizadas de respuesta.Al suprimir así los testimonios del poder de las imágenes, me parece a mi, pasan por alto en silencio el campo de las relaciones entre las imágenes y los seres humanos, de las que hay constancia en la historia y que se deducen fácilmente de la antropología y de la psicología popular. La historia de las imágenes tiene su lugar en el cruce de estas disciplinas, pero la historia del arte, en la forma en que tradicionalmente se concibe, no acude al punto de encuentro.La ventaja de estudiar las actitudes y conductas generalmente consideradas populares radicaba simplemente en la posibilidad de conocer los efectos sentidos por el espectador, pues eran suprimidos con menos frecuencia.Los historiadores del arte han desestimado bastante el comportamiento “primitivo” en el mundo occidental, tanto como desde hace mucho tiempo han descuidado la presencia en sociedades no occidentales de lo que siempre se ha tomado como una de las categorías mas avanzadas del pensamiento occidental sobre el arte: su autoconciencia critica y su desarrollo de una terminología critica.La meta ha sido desarrollar términos adecuados y establecer de qué modos puede la teoría cognoscitiva nutrirse con los testimonios aportados por la historia.Así pues, la actual abundancia de trabajos, sin olvidar los del pasado, pone en primer plano el abandono en que los historiadores de la cultura en general, y los del arte en particular, han tenido con demasiada frecuencia a las imágenes por considerarlas de bajo nivel.Este libro lo he escrito no solo para presentar las evidencias, sino también para enterrar de una vez el fantasma de la respuesta elevada.

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